Cada vez me doy más cuenta que todos tenemos una mochila cargada de sinceridad. Cada uno sabe lo que piensa, la cuestión pasa por expresar o callar. No importa si la conversación es contigo mismo o con otra persona, lo primordial es abrirte y decir todo lo que piensas sin miedo al que dirán. Sé que es muy fácil decirlo, pero no siempre se cumple, ya que hay otros aspectos a tener en cuenta que nos hacen echarnos para atrás cuando nos decidimos a ser sinceros. Yo soy el primero que fallo en ello, pero aquí ofrezco una pequeña solución, que hará que poco a poco vayamos liberando esa mochila de sinceridad y que a la postre hará que nos sintamos más livianos.

Conversación / Charla

Puedes llamarla como quieras, pero el hecho de hablar con alguien, aunque sea contigo mismo, es la acción que se requiere. Parece que la conversación sea algo más seria, mientras que la charla es más informal, independientemente de esto, lo importante es lo que expresas. La sinceridad se basa en ser coherente con tus pensamientos y actuar conforme a ellos, también podríamos decir que se trata de no mentir, pero ya reflexione sobre este concepto, si quieres saber más: sinceridad y su gran dificultad y la verdadera sinceridad, dos posts que te harán pensar un poco más. Pero vamos a por la solución, no hay que tener miedo a enfrentarse a lo que hay en la mente de cada uno, para ello es esencial empezar por nosotros mismos y analizar el porqué pasan por nuestra cabeza esos pensamientos que muchas veces intentamos evitar. Esta es la señal que hemos de aprovechar para profundizar en ellos, es decir, cuando queramos escapar, hemos de hacer el esfuerzo de volver, de esta forma estaremos empezando a ser sinceros con nosotros mismos, a partir de aquí será mucho más fácil hacerlo con los demás. Lo que esta claro es que si nos tememos a nosotros mismos, es normal que lo hagamos con el resto.

Como he dicho antes, la sinceridad es una mochila que llevamos siempre detrás nuestra y lo mejor es abrirla, observar lo que hay dentro e ir sacando poco a poco todo aquello que nos amedrenta. Es un trabajo duro pero que con el paso del tiempo nos daremos cuenta de lo positivo que es. No hay que temer, simplemente nos hemos de enfrentar y comprender, cuando hayamos acabado con nosotros mismos, es momento de empezar con los que nos rodean. Además, una vez empieces y observes los beneficios verás como te apetece cada vez más seguir en la senda de la sinceridad y lo mejor es que, sin querer, a la gente contagiaras.

¿Te atreves a conversar? ¿Empezarás contigo mismo?

Foto: Gonzo Mendoza