A lo largo de nuestra vida derramamos muchas lágrimas. Cuando somos pequeños tenemos más facilidad a la hora de llorar, pero a medida que nos hacemos mayores somos capaces de controlar el llanto. Llorar no es más que una respuesta ante ciertas situaciones, a veces de alegría, otras de pena o dolor. Pero llorar es algo natural y por lo tanto no deberíamos reprimir este acto, ya que surge como válvula de escape ante diferentes emociones.

Todos sabemos que las lágrimas son de sabor salado, pero a veces son dulces y otras amargas. A veces lloramos de alegría o risa, otras de pena, aunque también podemos llorar de dolor o incluso a veces no sabemos el porqué lloramos. Como respuesta fisiológica hemos de dejar que fluya, ya que nuestro cuerpo es inteligente y si lloramos es porqué lo necesitamos.

Llorar es una acción bastante complicada de entender, ya que a veces lloramos sin saber porque y en otras ocasiones nos gustaría llorar y no podemos. El problema es que no estamos familiarizados con el llanto, y por lo tanto no sacamos todo el beneficio que nos puede aportar, sobretodo cuando lo reprimimos. Por todo ello es bueno ser más conscientes cuando surgen este tipo de situaciones e intentar analizar el porqué sucede, de esta forma nos estaremos ayudando a nosotros mismos, ya que conoceremos un poco mejor nuestro cuerpo.

Siempre que tengamos ganas de llorar hemos de dejarnos llevar por nuestras emociones ya que sin lugar a dudas nos sentiremos mejor cuando terminemos con el llanto. Cuando lloramos de risa no oponemos ninguna resistencia y la verdad es que es una sensación muy positiva. Mientras que si las lágrimas son de pena o dolor físico, intentamos reprimirnos, aunque sabemos que después de llorar nos quedamos aliviados. Los niños parece que tengan la lágrima fácil, pero lo que pasa es que son muy sensibles y reaccionan de forma natural sin poner oposición a lo que sienten. Así que en este caso es positivo volver a ser un poco niños y saber acoger a las emociones como nos vienen sin repulsa.

¿Eres consciente de porque lloras? ¿Eres de lágrima fácil? ¿Pones oposición para no llorar?

Foto: Simon Elgood