Una metáfora que ha sido utilizada miles de veces, aunque espero, en esta reflexión, hacerlo desde otro prisma. Ya sabéis mi debilidad por crear palabras nuevas a partir de dos conceptos, en este caso he escogido la crisálida y la soledad, de ahí el título, crisaledad. Además, este post sirve como acompañante de su antecesor en conocer porqué hemos de crecer en nuestro interior, para luego poder hacerlo en el exterior. La metamorfosis de la oruga que pasa a crisálida y que acaba convirtiéndose en mariposa es de sobra conocida. Este es un fiel reflejo de la vida.

Oruga

Al principio todos somos orugas, vagamos por el mundo, disfrutamos de él, además podemos pasar toda nuestra existencia ahí. Sin embargo, hay gente que quiere destacar, cambiar su forma de vida. La senda de la oruga se le queda pequeña y quiere convertirse en algo más. Si optas por la última opción sigue leyendo, sino puedes emplear tu tiempo en otra cosa.

Crisálida

Es en este momento donde la soledad hace acto de presencia, ya que primero hemos de observar en nuestro interior y apreciar lo que tenemos por nosotros mismos. Si escogemos el camino de la soledad, es cuando pasamos de oruga a crisálida, nos encerramos en nosotros mismos y empezamos a conocernos un poco mejor. Aunque realmente no se trata de aislarnos del mundo, pero si encontrar momentos para cada uno de nosotros, donde la única meta sea conocernos un poco más y de esta forma poder progresar. Ya he hablado en anteriores posts sobre la soledad y el auto-conocimiento. Pero si nos visualizamos como la crisálida lo entenderemos mejor. Esta fase es la más importante y también la que más cuesta, por eso mucha gente no esta por la labor de realizar semejante esfuerzo. Aunque todo aquel que se sumerge en esta aventura, al final se verá recompensado.

Mariposa

Al final llega la hora en la que hemos abandonar la crisálida y esto se debe a que la transformación esta a punto de consumarse. En el caso de las personas, cada uno sabrá cuando es el momento idóneo para salir, lo mejor es dejarse llevar por la intuición. Ya que es posible que pasemos mucho tiempo encerrados y al final se nos pase el tiempo sin pena ni gloria. O por el contrario, decidamos salir antes y no obtengamos los frutos deseados, por lo que hemos de volver al paso anterior. Sin embargo, si hemos de decantarnos por una de las dos situaciones es mejor salir antes. Pero la soledad y el auto-conocimiento nos desvelarán cuando se produce la situación adecuada para romper ese frágil caparazón y poder mostrar todo nuestro esplendor. No se trata de que nos pavoneemos por ahí, ya que la gente se dará cuenta de nuestra belleza, sin tener que exhibirnos.

Cada uno elige la fase en la que quiere vivir, aunque si te enfrascas en la fase de la crisálida y la realizas correctamente es cuestión de tiempo acabar siendo mariposa. Orugas hay muchas, pocos intentan ser crisálidas y muy pocos alcanzan la mariposa. Te recomiendo la crisaledad, que la disfrutes y que saques todo el provecho que puedas, de ello depende convertirte en una mejor mariposa.

Foto: GLady