En las entradas de la semana de hace un año hacía un repaso sobre el antes y después del ahora. En el primer post hablaba sobre el pasado y de como hemos de saber aprovechar sus bondades. Y en el segundo post reflexiono sobre el mañana y como las acciones que realizamos en el presente tienen sus consecuencias en el futuro y el problema es que no sabemos de que signo pueden ser. Pincha en el título de cada párrafo para volver a leer la reflexión al completo.

Pasado prensado

Lo más importante es vivir el presente, el aquí y ahora es aquello que de verdad nos hace ser conscientes de que estamos vivos. Sin embargo, hemos de ser capaces de hacer un pequeño análisis de todo aquello que nos ha sucedido e intentar sacar el máximo beneficio que nos pueda aportar. Somos lo que vivimos, pero hemos de saber jugar con las dos caras de la moneda, por un lado olvidar todo aquello que nos sobre y por otro, sacarle jugo a aquellas situaciones en las que podemos aprender algo para situaciones posteriores. La cuestión es que por lo menos sepamos lo que vivimos y a partir de aquí tomar la decisión de olvidar, recordar o aprender.

Futuro, ni claro, ni oscuro

Las consecuencias de nuestros actos pueden ser impredecibles, pero por otro lado, dependiendo del camino que escojamos podremos llegar a un sitio u otro. Es por ello que hemos de ser conscientes de lo que hacemos en nuestro día a día. No se trata de obsesionarse con lo que vendrá, pero si estar preparados para lo que venga. Nuestros actos tienen consecuencias más o menos predecibles, estas son las que hemos de intentar controlar, pero no hemos de obsesionarnos y dejar la puerta abierta a todo lo que pueda venir. De esta forma el futuro puede ser claro u oscuro, pero si lo tenemos visualizado nos será más fácil reaccionar a lo que venga.

En estos dos posts se trata de saber la importancia del presente, pero sin olvidar el rastro que dejamos y aquello que nos puede devenir. La cuestión es ser conscientes de lo que hacemos sabiendo las consecuencias que pueden venir y el legado que dejamos. Somos lo que vivimos, pero también recogemos aquello que sembramos, así que hay que ir con cuidado con las acciones del ahora, ya que en el futuro será cuando nos demos cuenta de aquello que hemos hecho en el pasado.