Hay momentos claves en la vida en la que has de tomar una decisión importante y que es muy probable que esta te lleve por un camino u otro. A veces no nos damos cuenta de que esta elección ha sido más decisiva de lo que pensábamos para llegar a donde estamos. Por eso es bueno echar la vista atrás y analizar estos momentos. También hay que saber que no solamente es significativo aquello que elegimos, sino que a veces es más importante ser consciente de lo que no queremos.

En mi caso recuerdo muy bien cuando termine 2º de bachiller y tenía que completar en una hoja cuales eran, por orden de preferencia, las carreras que quería estudiar y el lugar. Un momento en el que tus decisiones, por lo menos las mías, van en función más de lo que no quieres, ya que no sabes a ciencia cierta lo que elegir. Yo tenía claro que no quería estudiar lejos de Alcoy, así que Alicante era la mejor opción y además con mucha oferta, esto acompañado de que las carreras de mi pueblo no me apasionaban. Al final la decisión estaba entre Psicología en Valencia o Publicidad y RR.PP. en Alicante, a parte de alguna filología. La cuestión es que no había nada que me apasionara. Así que, el no, tuvo mucha importancia, saber lo que realmente no quería me ayudo a decidirme por algo.

No a la psicología

La carrera estaba en Valencia, pero si de verdad hubiera tenido claro que quería estudiar psicología no  hubiera tenido ningún problema en seleccionarla y luego estar a la espera de ser admitido. Pero había un argumento que me rondaba la cabeza y es que, a pesar de que me gusta mucho analizar, conversar con las personas, saber lo que piensan, intentar ayudarlas, me echaba hacía atrás la idea de que por el simple hecho de ser psicólogo la gente ya te encasilla y luego no te trata de la misma forma, algo que ocurre con normalidad, también en otras disciplinas. Y no tengo nada en contra de estos profesionales, pero yo no quería verme en esta tesitura. Este argumento me ha venido a la mente en muchas ocasiones, ya que el mundo de la mente sigue siendo un tema que me llama la atención y del que he leído al respecto.

Así que varias conclusiones se pueden sacar de esta entrada. La primera es que a la hora de decidir, a veces no hemos de centrarnos en aquello que queremos, la parte de lo que tenemos claro que no deseamos puede ser un buen punto de partida. Y dos, aquellos argumentos que resuenan con fuerza en tu cabeza son los que deben ser escuchados cuando no sabes a que agarrarte, no debemos forzarnos a decidir en base a criterios razonables, a veces lo que nos dicta el corazón es mejor.

 

Foto: Brannan Photography