La gente que se considera vulnerable es posible que no sea resiliente o viceversa. Aunque la cuestión es no acogerse a un sólo concepto, sino aunar en uno mismo la mayoría de características posibles. Como explicaba en el anterior post, es posible, gracias a la vulnerabilidad ganar en resiliencia.

Primero vulnerable

Ser vulnerable significa exponernos a todo aquello que nos atemoriza y muchas veces tiene que ver con ser sincero, manifestarnos a los demás, hacer lo que sentimos, mostrarnos tal cual somos. Esta es una buena opción para estar prevenidos ante cualquier imprevisto, ya que el hecho de enfrentarnos a todo aquello que no tenemos dominado es la mejor forma de controlarlo en el futuro. El problema es que mucha gente no acepta su vulnerabilidad, pero sólo hay que hacer una pequeña introspección para darnos cuenta de todo aquello que nos puede herir y el sólo hecho de ser consciente de ello nos hará más fuerte.

Resiliente como plan B

En la definición de resiliencia veíamos que se trata de la capacidad de sobreponerse a momentos críticos. La cuestión es que ya damos por supuesto que vamos a sufrir, por ello hemos de estar preparados para salir cuanto antes de está situación. Ser resiliente es positivo y no tengo nada en contra, sin embargo, creo que es mejor jugar con el tiempo y es aquí donde la vulnerabilidad nos anticipa lo que puede llegar y de esa forma no tenemos que vivir situaciones inusuales o inesperadas.

Me viene a la mente la frase de prevenir antes de curar. Prevenimos siendo vulnerables y curamos siendo resilientes. Por eso es bueno tener estas dos características en nuestro haber. Aunque es posible que cada uno de nosotros sea más resiliente o vulnerable y esto tiene que ver con nuestra forma de ser y de como afrontamos cada situación. Lo primero es conocer que somos, como actuamos ante estas situaciones y a partir de ahí aprender  en vulnerabilidad o resiliencia.

¿Previenes o curas? ¿Vulnerable, resiliente o ambos?

Foto: Rob