El efecto Pigmalion

Pigmalión, rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua. Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que Galatea cobraba vida. Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo “mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal“. Y así fue como Galatea se convirtió en humana.

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Gracias a esta leyenda nace el efecto Pigmalion, del que todos seguro que hemos escuchado hablar, o por lo menos nos suena algo. Se utiliza mucho en la psicología y pedagogía, se refiere al poder de la influencia que la creencia que tiene una persona acerca de otra ejerce en el rendimiento de esta última. Es decir, se puede alterar el progreso y la consecución de objetivos de una persona, si hay alguien que cree en ella y le apoya.

En la mayoría de casos nos empecinamos en conseguir las cosas por nosotros mismos, pero es cuando alguien nos da su apoyo, cree en nosotros y en lo que estamos haciendo, cuando se ve un ligero progreso, se observa que hemos ido un paso más allá. Hemos de ser conscientes de este dato, ya que cada uno podemos influir en nosotros mismos y si confiamos en lo que hacemos es más fácil alcanzar lo que nos proponemos. Sin embargo, el hecho de obtener una ayuda extra de terceros, significa un plus que nos ayuda a que la meta esté más cerca.

Pero ahora es el momento de cambiar de bando y ser nosotros los que damos el apoyo necesario para los que están a nuestro alrededor pueden crecer y progresar, tanto como personas, como en aquellos proyectos que tenemos entre manos. La influencia de los demás esta presente en la mayoría de situaciones que vivimos, el problema es que no somos conscientes de ello. Un gesto, una opinión, una palabra, cualquier movimiento de un tercero, puede ser el detonante de una reacción por nuestra parte, la cuestión es saber si es provechosa para nosotros o por el contrario es un obstáculo. Ya que muchas veces nos dejamos llevar por el que dirán o que pensarán y esto no nos ayuda en las tareas que llevamos a cabo. Pero estas personas si que nos pueden tender una mano cuando sus opiniones vienen en forma de agradecimiento o de valoración positiva.

Nadie está exento de la relación con los demás, pero hemos de darnos cuenta del poder de influencia que podemos tener los unos con los otros. Si eres el influenciado, has de intentar que no te afecten mucho las valoraciones de terceros y saber aprovechar aquellas que si que nos pueden aportar algo. En cambio, si eres el influenciador, aunque sea sin querer, has de saber como puede afectar tu comportamiento, tus palabras sobre aquellos que tienes alrededor, de esta forma hemos de intentar ser lo más neutral, o en todo caso, ayudar en la medida de posible.

¿Conocías el efecto Pigmalion? ¿Eres consciente de la influencia que tenemos?

Foto: Enrique Viola

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