La sensación extraña de adulterar

La sensación extraña de adulterar

Adulterar viene del verbo alterar, su definición dice que se trata cuando se cambia la esencia o la forma de algo, aunque en otras acepciones también es descomponer, dañar, estropear, perturbar, trastornar, inquietar. Y debido a estos verbos le damos una connotación negativa. Este vocablo procede del latín medieval alterāre (alterar, hacer que se vuelva otro), que a su vez viene de alter (genitivo alteriīus, dativo alterī), que significa ‘el otro de un par considerado’, ‘el uno y el otro’, ‘opuesto’, ‘el segundo’, ‘distinto’. Aunque la cuestión es porqué vemos con malos ojos el hecho de modificar la esencia de algo, ya que parece ser que las cosas puras nos agradan más, mientras que las que sufren una alteración ya no tanto.

Pero ahora llega la contradicción y es que adulteramos las cosas para que estas tengan otra apariencia y en la mayoría de las ocasiones se hace para que sean mejores, pero al final está alteración termina por no agradar. Aquí entra un conflicto de intereses y es que tenemos una doble moral, ya que dependiendo de la perspectiva que elijamos, observaremos la adulteración como algo positivo o negativo.

Además, tenemos que tener presente que la vida está llena de alteraciones, y que muchas veces gracias a ellas podemos percibir detalles que de otra forma no podríamos, es decir, en algunas ocasiones es preciso la aparición de un agente externo para que todo cambie, es así como las cosas progresan, ya que sino nos mantendríamos estancados.

Queremos mantener la esencia de todo aquello que nos rodea, en este aspecto queremos ser conservadores, pero a la vez, somos conscientes de la importancia de que aparezcan agentes externos que adulteren el escenario para seguir progresando. Considero que el problema llega cuando descubrimos como adulterar las cosas y tenemos un propósito concreto, es aquí donde percibimos la alteración como una trampa, aunque por otro lado no somos capaces de observar las bondades que nos ofrece ese cambio. Como ejemplo me viene a la mente los estados alterados de consciencia, donde dejamos un poco nuestra esencia durante unos momentos, pero gracias a ellos somos capaces de ir más allá, de actuar y pensar de una forma diferente a la habitual, lo que nos hace trascender límites y conocer lo desconocido.

En cierto grado, encontrar la forma de alterar o adulterar las cosas para que estas nos puedan ofrecer su mejor versión, es algo que deberíamos experimentar, lo importante es no pecar por exceso ni por defecto, sino transitar el camino del medio, el del equilibrio, donde se aprecia el valor óptimo de las cosas.

¿Que piensas de las alteraciones? ¿Las ves positivas o negativas? ¿Qué ha sido lo último que has visto alterado o adulterado?

Foto: CARMEN SOLLA

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