Salto al vacío

La experiencia de saltar en paracaídas fue el regalo que tuve para mi 36 cumpleaños, un detalle que apreció mucho, ya que en primer lugar es mejor que sea alguien quien te invite a disfrutar de esta experiencia y en segundo lugar, destacar el hecho de que el regalo no fuera algo físico, sino una vivencia que al final queda grabada en tu mente.

No todos los días tienes la oportunidad de saltar desde 3.500 metros de altura, toda una experiencia que recomiendo encarecidamente. Puedo explicar lo que yo sentí, pero nada como vivirlo en tus carnes, para saber realmente de lo que hablo, además, cada uno lo experimentará a su manera por lo que sólo puedo dar mi opinión. Cabe destacar que desde hace tiempo quería vivir esta experiencia o por lo menos hacer un puenting, cualquiera de las dos me valía. El hecho de quererlo ya es muy importante, por que este tipo de regalos no puedes hacerlos a la ligera, la gente ha de ser consciente de lo que va a hacer. En mi caso lo tenía muy claro y no sentí miedo en ningún momento, disfrute de cada parte de la experiencia, desde la espera, la subida al avión, alcanzar la altura mientras sobrevuelas el cielo durante 20 minutos, el momento de asomarte y darte cuenta de lo alto que te encuentras, el instante de saltar, los 30-40 segundos que dura la caída libre, la apertura del paracaídas, la paz que sientes, y los 5 minutos que estas descendiendo hasta el aterrizaje.

La preparación es primordial, el hecho de visualizar e intentar pensar en cuales son las emociones que puedes sentir te ayudan mucho a disfrutar mucho cuando llega el momento. Lo mejor de todo fue la tranquilidad que tuve durante toda la experiencia y hubo tres momentos que destacaría. Uno fue cuando me asome para ver desde el avión la caída libre, unos segundos en los que apenas fui consciente de lo alto que me encontraba. El segundo fue la duración de la caída libre y como fui muy consciente de lo que tardaba en caer, entre 30-40 segundos que para mi se alargaron en el tiempo. Y para terminar, el momento en el que se abre el paracaídas y sientes una paz y una calma difícil de explicar, ya que tras la velocidad que alcanzas mientras caes, es momento de no escuchar nada y permanecer durante un tiempo en el aire.

Lo más curioso de esta experiencia es que llega en un año donde espero tener otro salto al vacío en lo que respecta a mi vida y experimentar nuevas vivencias. Otro rasgo a destacar es que Tania es la persona que me da el empujón para poder saltar y espero que me acompañe de la misma forma en los cambios que se puedan producir en mi vida. Me parece una buena metáfora y espero que lo mismo que sentí y vivi en el salto se repita en lo personal.

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