Una vez que uno ha aprendido a escucharse por dentro, aparece el siguiente paso natural del camino del auriga: escuchar a los demás. Pero no desde la reacción, ni desde la interpretación automática, ni desde la necesidad de tener razón. La escucha hacia los otros —cuando es verdadera— nace del silencio interior que hemos cultivado previamente.
El auriga que escucha
Así como el auriga ateniense o romano debía percibir el más leve cambio en el comportamiento de los caballos, quien escucha al otro necesita una presencia limpia. No se puede escuchar desde el ruido interior. Por eso, la escucha hacia los demás depende directamente de la escucha hacia uno mismo.
Solo cuando uno se ha escuchado de verdad puede sostener la escucha del otro sin sobresaltarse, sin juzgar, sin proyectar.
Todo lo que escuchamos tiene que ver con nosotros
Aunque parezca que escuchar al otro es un acto dirigido hacia afuera, en realidad siempre está vinculado a nuestro mundo interior.
Lo que me molesta del otro, me informa sobre mí.
Lo que admiro del otro, me revela mis anhelos.
Lo que no entiendo, me muestra mis límites.
Lo que me hiere, me muestra mis heridas.
Escuchar al otro es escucharnos.
Escuchar lo que ocurre fuera es escuchar lo que resuena dentro.
La escucha como acompañamiento consciente
Cuando uno escucha sin prisa y sin juicio, se convierte en auriga del encuentro. Permite que el otro se exprese, se ordene, se abra. La escucha profunda no dirige, no aconseja, no corrige: sostiene.
Como Automedonte en el carro de Aquiles, el auriga acompaña desde detrás: atento, presente, firme, sin ocupar el lugar del otro.
Ese es el propósito del proyecto AURIGA: escuchar para que el otro pueda escucharse.
No guiar su carro, sino ayudarle a descubrir sus propias riendas.
Escuchar a los demás es un acto que requiere madurez interior. Es el segundo paso del auriga: primero me escucho yo, luego escucho al otro, y finalmente comprendo que ambos actos son el mismo. Porque todo lo que escuchamos, venga de dentro o de fuera, siempre habla de nosotros.
¿Escuchas a los demás con presencia real?
¿Qué te revela del otro aquello que más te remueve?

