Después de recorrer el origen de fiar, fianza, confianza y afianzar, y de diferenciar la fe de la confianza, llega el momento de llevar toda esa reflexión hacia nosotros mismos. Porque la fianza contigo es la confianza: aquello que depositas como garantía no es el resultado que esperas obtener, sino todo lo que sabes de ti gracias a tu experiencia, tu coherencia y la forma en que respondes cuando las cosas no salen como habías imaginado.
Confiar en uno mismo no significa pensar que todo va a salir bien. Significa disponer de suficientes razones para creer que, pase lo que pase, sabremos estar a la altura de nuestra propia decisión.
Nuestra verdadera fianza no es el resultado
Cuando dejamos una fianza, ofrecemos algo que respalda un compromiso. Sin embargo, cuando confiamos en nosotros mismos, no podemos utilizar el resultado como garantía, porque nunca depende completamente de nosotros. Podemos prepararnos, esforzarnos, actuar con coherencia y tomar buenas decisiones, pero aun así existen circunstancias que permanecen fuera de nuestro control.
Por eso nuestra fianza interior tiene que estar formada por otras cosas: la experiencia acumulada, las veces que hemos cumplido nuestra palabra, nuestra capacidad para aprender, la disposición para corregir y todo aquello que sabemos que somos capaces de poner de nuestra parte.
Confiar es saber que vas a estar ahí
Quizá una de las ideas más engañosas sobre la confianza sea pensar que consiste en asegurarnos de que lograremos aquello que queremos. Esa seguridad absoluta se parece más a una fantasía que a una confianza bien construida.
Confiar en uno mismo significa algo diferente. Significa saber que estaremos presentes durante el proceso, que utilizaremos aquello que sabemos y que asumiremos aquello que venga después. Incluso cuando nos equivoquemos, podremos aprender de la experiencia y utilizarla para seguir afianzándonos.
La confianza no elimina la incertidumbre, pero cambia nuestra manera de atravesarla.
La experiencia nos permite depender menos de garantías externas
Cuanto mejor nos conocemos, menos necesitamos que otras personas nos recuerden constantemente que somos capaces. Eso no significa dejar de escuchar consejos, rechazar ayuda o creer que podemos hacerlo todo solos.
Significa que nuestra valoración no depende completamente del exterior.
Cuando hemos acumulado suficientes experiencias, empezamos a tener un criterio propio sobre nuestras capacidades. Ya no necesitamos que alguien nos garantice que podremos hacerlo, porque disponemos de una fianza construida durante años con nuestras decisiones, nuestros errores, nuestros aprendizajes y nuestros logros.
La fianza también se renueva
La confianza no debería entenderse como un depósito que hacemos una vez y permanece intacto para siempre. Nuestra relación con nosotros mismos continúa cambiando y, con ella, también cambia la fianza que podemos ofrecer.
Cada nueva experiencia puede reforzarla o cuestionarla. Podemos descubrir capacidades que desconocíamos y también reconocer límites que antes no veíamos. Todo ello forma parte del mismo proceso.
Por eso confiar en uno mismo tampoco consiste en conservar una imagen fija de quién somos. Consiste en seguir conociéndonos y actualizar honestamente aquello que podemos respaldar con nuestra propia experiencia.
La fianza contigo es la confianza
Comprender que la fianza contigo es la confianza transforma una palabra aparentemente económica en una reflexión mucho más personal. Nuestra garantía no consiste en saber lo que ocurrirá, sino en conocernos lo suficiente para saber cómo queremos actuar cuando ocurra.
No garantizamos el éxito.
Garantizamos nuestro compromiso.
No podemos asegurar que acertaremos.
Podemos asegurar que pondremos aquello que depende de nosotros.
Y quizá por eso la confianza se vuelve más sólida cuanto más nos conocemos. Porque deja de apoyarse en expectativas y empieza a apoyarse en evidencias.
La confianza no consiste en tener garantías sobre lo que va a pasar, sino en haber acumulado suficientes garantías sobre quién eres cuando pasa.
¿En qué experiencias te apoyas cuando necesitas recordar que puedes confiar en ti?
¿Qué puedes ofrecerte como fianza cuando decides intentar algo cuyo resultado todavía desconoces?

