Transita tu desierto mental

Transita tu desierto mental

Vivimos inmersos en una maraña de información que no deja que nuestra mente tenga un respiro en ningún momento del día. Ni siquiera cuando dormimos estamos exentos de que nuestra mente este en funcionamiento. Hay personas que recuerdan lo soñado, otras no, pero lo que esta claro es que nuestro cerebro no cesa en su funcionamiento y por ello no sentimos agotados sin muchas veces ser consciente de ello.

El desierto

En algún momento de nuestra vida nos hemos de proponer el hecho de transitar el desierto que reside en nuestra mente. El origen de esta palabra viene del latín «desertus» (abandonado) del verbo «deserere» (olvidar, abandonar). Tenemos miedo a abandonarnos, no queremos y además nos cuesta mucho olvidar, es por ello que el desierto es algo que nos genera rechazo. Pero hemos de cambiar nuestra versión y así poder dar ese primer paso que nos lleve a caminar a través de un desierto, donde nos demos cuenta de lo que sucede cuando nos dejamos llevar, olvidamos lo que somos por un momento y abandonamos todos los pensamientos que tenemos.

El día desértico

Todos pensamos que nuestra mente descansa por la noche, pero nada más lejos de la realidad. Nuestro inconsciente se pone manos a la obra tan pronto Morfeo hace acto de presencia y es aquí donde los pensamientos campan a sus anchas, ya sea lo vivido durante el día, como recuerdos de hace tiempo o pensamientos que tenemos sobre ciertos temas concretos. Todo se mezcla, la cuestión es si lo recordamos o no, pero lo que importa es que la noche, pese a que descansamos de forma física, no lo hacemos de forma mental. Es por ello que el día, es decir, cuando estamos despiertos y conscientes, hemos de dedicar una parte de nuestro tiempo a abandonarnos y dejar que la mente vaya a ala suya.

Esta es una práctica que deberíamos ejecutar más a menudo, podríamos compararlo con la meditación, donde intentamos dejar nuestra mente en blanco y que los pensamientos pasen sin que le demos importancia. La cuestión pasa por intentar que nuestra mente se convierta en un desierto, abandonamos la mente y olvidamos todo lo que tenemos dentro para ver que es lo que sucede y lo que sentimos. Pero esta empresa la hemos de realizar de forma consciente y hemos de practicarla durante un periodo de tiempo prolongado para poder dominarla y sacar todo el provecho que nos pueda ofrecer.

Nos cuesta movernos por sitios desiertos, donde somos nosotros los que hemos de llenar ese vacío, por ello hemos de poner nuestro empeño en conocer lo que nos pueda aportar el hecho de dejar la mente sin nada, donde no ocurre nada y tan sólo centrarse en nosotros mismos, sin que los pensamientos nos influyan.

¿Has transitado el desierto? ¿Por qué no te atreves?

Foto: Christoph Fischer

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