Cada año llega un momento en el que siento la necesidad de detenerme y escuchar. No para hacer planes, sino para nombrar. Porque poner palabras a lo que viene es una forma de orientarse. Para el nuevo año, las tres palabras que me acompañarán son Mayéutica, Auriga y Desierto. No son conceptos elegidos al azar, sino símbolos que apuntan a un mismo movimiento interior.
Mayéutica: sacar a la luz lo que ya está
La palabra mayéutica proviene del griego μαιευτική (maieutiké), que significa “el arte de la partera”. Sócrates la utilizaba para describir un método que no enseña desde fuera, sino que ayuda a que el otro descubra lo que ya lleva dentro. La mayéutica no impone respuestas, formula preguntas. No dirige, acompaña.
Esta palabra conecta directamente con una forma de estar en el mundo: confiar en que la verdad no se introduce, se revela. Y que el verdadero aprendizaje nace cuando alguien se siente escuchado y acompañado en su propio proceso.
Auriga: quien sostiene las riendas
Auriga procede del latín auriga, “el que conduce el carro”. Más allá de lo histórico, el auriga es un símbolo poderoso: representa a quien es capaz de sostener fuerzas opuestas y guiarlas con consciencia. No domina, no reprime, conduce.
Elegir auriga como palabra es recordar que la vida no se controla, pero sí se puede dirigir. Que tomar las riendas no es un acto de fuerza, sino de presencia. Y que acompañar a otros no es llevarlos, sino ayudarles a descubrir que las riendas siempre fueron suyas.
Desierto: el lugar donde se escucha
La palabra desierto tiene un origen especialmente revelador. En hebreo, midbar (מִדְבָּר) no significa solo lugar árido, sino “espacio de la palabra”. Proviene de la raíz dabar, que significa hablar. El desierto, simbólicamente, no es vacío: es silencio fértil. Es el lugar donde desaparece el ruido y emerge lo esencial.
Elegir desierto es aceptar el valor de la soledad consciente, del retiro interior, del espacio donde uno se enfrenta a sí mismo sin distracciones.
Mayéutica, Auriga y Desierto forman un triángulo coherente: preguntar, conducir y escuchar. Tres movimientos para un mismo propósito: acompañar desde la presencia y vivir con más verdad.
¿Por qué estas palabras te eligen a ti y no al revés?
¿En qué desierto necesitas detenerte para escuchar mejor?

