Soltar la dejadez

Soltar la dejadez

Los verbos soltar y dejar, fueron los protagonistas de los posts de la semana de hace un año. En la primera entrada me centro en la palabra dejadez y sus dos caras. Mientras que en la segunda aprovecho una canción de Frozen, donde el verbo soltar es el actor principal y comento los aprendizajes que saqué. Pincha en el título que prefieras para volver a leer las entradas al completo.

Dejar la dejadez

La dejadez es una moneda de dos caras, depende de cada uno de nosotros emplearla de la forma que consideremos. La única diferencia reside en si somos conscientes o no de que hemos caído en la dejadez. Hay situaciones en las que lo mejor que podemos hacer es dejar de preocuparnos y sólo observar, es decir, somos conscientes de que no estamos haciendo nada. Por otro lado tenemos la dejadez de no saber tan siquiera que no estamos haciendo nada, esto ocurre cuando nos ponemos en piloto automático y nos dejamos llevar sin más, nos olvidamos de todo, incluso de nosotros. Así que hemos de ser muy cautos cuando la dejadez haga acto de presencia en nuestras vidas y saber cual de las dos caras de la moneda nos está mostrando.

Suéltalo, déjalo.

La canción principal de la película de Disney, Frozen, tiene como verbo principal el soltar y toda la letra tiene un mensaje del que puedes extraer algún aprendizaje, aunque esto es algo subjetivo. La cuestión es que no somos conscientes de todo lo que nos dice nuestro cuerpo, no escuchamos a nuestras sensaciones y muchas veces las retenemos, en vez de dejarlas fluir. Lo importante es saber cuando hemos de soltar y cuando retener, si logramos alcanzar este poder y vivir dentro del equilibrio la vida será mucho más sencilla. El hielo es una buena metáfora que nos hace comprender la importancia de cuando congelar las situaciones o cuando tenemos que dejar que sucedan, así que el hielo tiene que jugar a nuestro favor, reteniendo cuando consideremos.

Soltar es dejar que las cosas sucedan, pero tiene que ser una decisión propia, en la que tengamos puesta nuestra atención para que esta no juegue en nuestra contra. Todo lo que nos concierne tiene que estar vigilado por nosotros, en cambio, lo que escapa a nuestro control es mejor dejarlo, soltarlo y que sea lo que tenga que ser, tan sólo observar y aceptar.

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