La responsabilidad es la capacidad de responder

La responsabilidad es la capacidad de responder

Después de reflexionar sobre la culpa, apareció una palabra que casi siempre utilizamos junto a ella: responsabilidad. De hecho, es habitual escuchar frases como «el culpable es el responsable» o «hay que asumir la responsabilidad». Sin embargo, cuanto más profundizaba en ambas, más claro veía que no significan lo mismo.

La responsabilidad es la capacidad de responder, y ese pequeño matiz cambia por completo la forma de entender este concepto. Mientras la culpa suele mirar hacia aquello que ha ocurrido, la responsabilidad nos invita a observar qué vamos a hacer a partir de ese momento.

El origen de la responsabilidad

La palabra responsabilidad procede del latín respondere, que significa «responder», «contestar» o «comprometerse a dar una respuesta». De esa misma raíz nacen palabras como responder, respuesta y responsable.

Esta relación etimológica resulta muy reveladora. Ser responsable no consiste únicamente en cargar con una obligación o aceptar un peso. En esencia, significa estar dispuesto a responder ante una situación, una decisión o las consecuencias de nuestros actos.

Aquí aparece una diferencia importante que a menudo pasamos por alto: no es lo mismo ser responsable de algo que ser alguien muy responsable. Ser responsable de algo implica tener una obligación concreta o asumir una tarea determinada. En cambio, decir que alguien es muy responsable habla de una cualidad personal, de una actitud constante ante la vida, de su forma habitual de responder ante distintas situaciones. No se trata solo de lo que le toca hacer, sino de cómo decide hacerlo.

Quizá por eso la responsabilidad no habla tanto del pasado como del presente y del futuro. No pregunta únicamente qué ha sucedido, sino cómo vamos a responder a ello.

No todas las responsabilidades nacen igual

A medida que vivimos, la responsabilidad va apareciendo de formas muy distintas.

Hay responsabilidades que elegimos libremente. Decidir formar una familia, emprender un proyecto o aceptar un compromiso supone responder voluntariamente a aquello que hemos decidido construir.

Pero también existen responsabilidades que llegan con determinadas etapas de la vida. Convertirse en padre o madre es un buen ejemplo. Nadie recibe un manual antes de comenzar ese camino y, aun así, desde ese momento somos responsables de responder cada día a nuevas situaciones que antes no existían.

La responsabilidad no siempre se escoge.

Muchas veces simplemente aparece y nos invita a crecer con ella.

Ser responsable no es cargar con todo

Con frecuencia asociamos la responsabilidad con una mochila cada vez más pesada. Cuantas más responsabilidades tenemos, pensamos que más difícil resulta avanzar.

Sin embargo, quizá el problema no esté en la responsabilidad, sino en la forma en que la interpretamos.

Ser responsable no significa controlar todo lo que sucede. Tampoco implica sentirse culpable de cualquier resultado. Significa estar dispuesto a ofrecer la mejor respuesta posible con los recursos, el conocimiento y la experiencia que tenemos en ese momento.

Eso hace que la responsabilidad deje de ser una carga para convertirse en una actitud.

La respuesta también nos define

Existe una idea que me parece especialmente interesante.

La vida no siempre nos permite elegir lo que ocurre, pero casi siempre nos ofrece la posibilidad de decidir cómo responder.

Dos personas pueden vivir una misma situación y reaccionar de maneras completamente distintas. Lo que marca la diferencia no suele ser el problema, sino la respuesta que cada una decide dar.

Quizá por eso la responsabilidad dice mucho más de nosotros que las circunstancias que nos rodean. Habla de nuestra manera de afrontar la realidad y del compromiso que asumimos con nuestras propias decisiones.

La responsabilidad es la capacidad de responder

Comprender que la responsabilidad es la capacidad de responder cambia la perspectiva desde la que observamos esta palabra. Ya no se trata únicamente de aceptar obligaciones o de cargar con aquello que nos corresponde.

Se trata de responder de forma consciente.

Responder a nuestras decisiones.

Responder a los cambios.

Responder a las personas que dependen de nosotros.

Y responder, incluso, cuando la vida nos coloca delante de situaciones que nunca habíamos imaginado.

Porque al final, más que por todo lo que nos ocurre, acabamos siendo recordados por la forma en que respondimos a ello.

¿En qué momento de tu vida sentiste por primera vez el verdadero peso de la responsabilidad?

¿Crees que ser responsable consiste en cargar con todo o en saber responder de la mejor manera posible?


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