Cuando hacemos algo, solemos pensar en aquello que sucederá después. Sabemos que nuestros actos producen cambios, aunque muchas veces utilicemos diferentes palabras para referirnos a ellos. Hablamos indistintamente de efectos y consecuencias, como si fueran exactamente lo mismo. Sin embargo, causa, efecto y consecuencia no significan lo mismo, y comprender sus matices puede ayudarnos a observar mejor todo aquello que ponemos en movimiento.
Porque nuestras acciones no terminan cuando las realizamos. De alguna manera, continúan existiendo a través de aquello que producen.
La causa y aquello que provoca
Una causa es aquello que origina algo. Puede ser una decisión, una palabra, un comportamiento o incluso una omisión.
Cuando hablamos de causa y efecto, establecemos una relación directa entre aquello que hacemos y lo que nuestra acción produce.
La palabra efecto procede del latín effectus, relacionado con efficere, que significa realizar, producir o llevar a cabo.
El efecto sería, por tanto, aquello que una causa produce.
Toco un objeto y se mueve. Digo unas palabras y alguien las escucha. Tomo una decisión y cambia una situación.
La causa introduce algo nuevo en la realidad y el efecto nos permite observar qué ha producido.
La consecuencia es aquello que sigue
Consecuencia aporta un matiz diferente.
Procede del latín consequentia, relacionado con consequi, que transmite la idea de seguir o venir detrás.
Por eso me gusta entender la consecuencia como aquello que continúa después de una acción.
Un efecto puede convertirse en el comienzo de nuevas consecuencias, y estas pueden provocar otras que nunca habíamos imaginado.
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia nuestra manera de observar nuestros actos.
El efecto nos ayuda a mirar qué hemos producido.
La consecuencia nos invita a preguntarnos hasta dónde puede continuar aquello que iniciamos.
Una piedra nunca termina al tocar el agua
La imagen de una piedra cayendo sobre un estanque representa muy bien esta diferencia.
El impacto sobre el agua produce un efecto inmediato.
Pero después aparecen ondas.
Una detrás de otra.
Algunas llegan mucho más lejos del lugar donde cayó la piedra.
Con nuestros actos sucede algo parecido. Podemos observar el primer resultado, pero resulta mucho más difícil conocer todo aquello que seguirá ocurriendo a partir de él.
Quizá nunca lleguemos a saberlo completamente.
Causa, efecto y consecuencia no significan lo mismo
Comprender que causa, efecto y consecuencia no significan lo mismo no pretende convertir cada decisión en un cálculo interminable.
Pretende recordarnos algo mucho más sencillo.
Cuando actuamos, ponemos algo en movimiento.
Podremos conocer algunos efectos y prever determinadas consecuencias. Otras aparecerán mucho después y algunas pasarán completamente desapercibidas.
Pero nuestra incapacidad para conocerlas todas no significa que no existan.
Todo lo que hacemos introduce algo nuevo en la realidad.
Y quizá vivir con mayor consciencia empiece precisamente ahí: comprendiendo que nuestros actos continúan mucho después de haberlos realizado.
¿Hasta dónde crees que pueden llegar las consecuencias de una acción aparentemente insignificante?
¿Sueles pensar únicamente en el efecto inmediato o también en aquello que puede continuar después?

